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Educando al soberano.
 

Nana Fine

jueves, septiembre 02, 2010

Soy un Babysitter.

Muchas veces me siento así. Hoy me siento así.

"Los chicos tienen que estar en la escuela", así lo dice la nueva ley de educación secundaria, lo dicen los inspectores, el gobernador, la presidenta, pero principalmente lo dice el sentido común.

No voy a ponerme a enumerar el por qué, eso ya lo sabemos. Pero muchas veces el cómo adquiere tantas dificultades que a veces uno no sabe por dónde empezar y si encima uno lo quiere hacer breve directamente puede naufragar en el fracaso. Pero bueno, hoy simplemente me referiré a un universo muy acotado y sobre un problema en particular: Los tristemente famosos “chicos ni ni”.

Este año, en las escuelas públicas nos vimos inundados de alumnos (recuerden que a principios de año las autoridades salieron por todos los medios a resaltar esto), esto se debió principalmente a la obligatoriedad de la Escuela Secundaria y a la Asignación Universal Por Hijo que establece, entre otras cosas, que el pibe esté en el colegio. Fantástico hasta acá. Gracias a esto muchos de mis alumnos con carencias económicas tienen una ayuda para comprar su guardapolvo, cartuchera, carpetas, mapas, etc.

El problema es cuando las familias, esas que no cuidan a sus hijos, que no les importan sus hijos, que maltratan a sus hijos, que nunca van a una puta reunión ni les importa un carajo la seguridad, la nutrición, la educación y el crecimiento saludable quieren cobrar dinero. Entonces mandan a los pibes a la escuela y el Estado paga pero no evalúa. Para el Estado todo es lo mismo, los padres buenos y los padres malos. Ahí se ve la perversidad del sistema: no hago asistencia social, hago asistencialismo.

Y ahí ellos consideran que terminan su trabajo. Un fuck you para uds.

Y estos pibes, ya repitentes hasta el hartazgo, golpeados y mal-educados vuelven a un salón de clases. Esta combinación es explosiva. Se los aseguro.

Y no me vengan ahora a retar porque métanse todos los días en una escuela pública de alto riesgo a trabajar 10 años todos los días y solamente van a tener una pizca de idea de lo que les hablo. ¿Por qué no renuncio o cambio de escuela? Porque creo que esto es importante para mí, porque tuve oportunidades de irme y no las agarré. Pero ahora simplemente es una cuestión económica.

¿Por qué es explosiva? Porque la escuela no está preparada para esto. Así de simple.

Yo no estoy preparado. Los preceptores tampoco, ni los auxiliares, ni los bibliotecarios, ni el edificio, ni la estructura (en todos los sentidos) está preparada.

Y las autoridades no quieren verlo. Ante cualquier problema “El chico tiene que estar en la escuela”. Es la respuesta.

“El chico tiene que estar en la escuela” le dijo una inspectora a la maestra de campo que, después de estar varios meses enferma, se dio cuenta que un alumno de su escuelita, la envenenaba cada vez que tomaban el té.

“El chico tiene que estar en la escuela”, después de pegarle una trompada a su preceptora.

Pero no, no lo quieren ver. Y mientras estas cosas sucedan la escuela se transformará en una guardería. Un lugar que las autoridades educativas usarán para sus estadísticas o como diría un amigo “bajar la delincuencia de 8 a 18 hs”.

Si… si, lo sé. Fue desordenado y medio en caliente. Ahora sigamos charlando en los comentarios.

5 comentarios:

Connie dijo...

Nos pasa a todos los que estamos en una escuela con esas características. Mi escuela no está rotulada como "alto riesgo", sólo porque la comunidad en que está todavía es pequeña, y todavía se sostiene que es "sana", como si el tamaño para eso fuera decisivo. He recibido más de un empujón, más de una amenaza, mucho más de un insulto, y cuando buscás un referente para intentar resolver algo, no encontrás a nadie; no hay padres, no hay tíos, abuelos, nadie que responda. ¿Qué dicen las autoridades? Hay que adaptarse a la escuela que es, no sufrir por la que ya no está. Bienvenidos a la escuela que tenemos, internado-guardería-comedor. Por acá nos faltan solamente las camas y lo convertimos en pensión completa.

SERALE dijo...

Es una realidad vasco, me gustó eso de "la escuela es para bajar la delincuencia entre las 8 y las 18hs".
En muchos colegios es todo muy ficticio, no hay infraestructura adecuada, no hay bibliotecas, no hay infraestructura para nada, pero lo curioso es que donde sí hay todas estas cosas la situación en el fondo es la misma. Trabajo en un colegio con un edificio imponente, con biblioteca, con libros que llegan desde la provincia, con las famosas PC que repartió Cristina y el nivel de los alumnos es el mismo, la pelotudez de algunos directivos es el mismo,el rendimiento escolar es el mismo,y no se puede superar solamente con mejorar la infraestructura.
En cuanto al aumento de matrícula no lo veo en mis colegios, veo lo contrario más allá de los 180 pesos del Gobierno. En uno de ellos están muy preocupados por esta pérdida de alumnos, claro que no se dan cuenta que puede ser producto de la misma boludez de la que te hablaba antes.
saludos.
Voy a tomar prestado tu artículo para colgarlo en mi blog.

El Vasco dijo...

Así es Connie, pero no me resigno a "adaptarme para sobrevivir". El fracaso de esta educación será rotundo si seguimos en este camino.

Serale, vinieron muchos alumnos al principio, ahora están dejando los "ni ni" otra vez. Cuando habla de estructura hablo de que las prácticas nuevas no van con la estructura vieja, o sea, replantearse si las horas y los recreos deben ser así, los lugares, todo. Y por supuesto cambiar el nombre "escuela" a eso.

Así la cosa no va.

nadasepierde dijo...

El colegio guardería, creo que es lo mas terrible. Además, empuja todo el sistema hacia abajo, nivelemos para lo menos.
Terrible lo que contás, pero tan real.

Trsite también, que a veces, chicos que no son de hogares como los que describis, tienen la misma actitud hacia los profesores, los preceptores, las instalaciones... esos a las bibliotecas no llegan.
En mi colegio, los llamaba los vándalos, la cosa era destruir tan solo por el placer de hacerlo.
Un beso

Desmadeja dijo...

Hola Vasco

Di muchas vueltas para pensar qué comentar, porque me urge hacerlo, y no tengo palabras.

Lo charlé en casa, en el laburo.
Estamos en espacios cada vez más parecidos a trincheras.

Abrazo.